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El rafting
es un deporte de equipo en el que un grupo de personas, a bordo
de un bote neumático, sin motor, descienden por un río
de montaña. La embarcación es arrastrada por la
corriente mientras los tripulantes la dirigen mediante los remos.
Todos los tripulantes de la balsa reman y orientan su peso de
manera coordinada para recorrer los rápidos y mantenerse
a flote. La cantidad de personas que sube a cada embarcación
varía según su tamaño; El raft o bote neumático
tiene unas medidas de 5 x 2 metros y una capacidad de entre cuatro
a diez personas. Los tripulantes van provistos de un remo corto
de una sola pala, con el que, siguiendo las instrucciones del
monitor o trainer, dirigirán la embarcación sorteando
los obstáculos que el río presenta. El guía
debe conocer al detalle cada parte del río y tener conocimientos
de primeros auxilios. Según el número de pasajeros,
el guía puede ubicarse en el centro de la balsa y orientarla
por medio de dos remos largos, o bien puede hacerlo en la parte
de adelante y de atrás de la embarcación.
Para quienes
se inicien en el rafting, lo ideal es comenzar en el centro del
gomón, donde hay menos movimiento. Los que ya tienen alguna
experiencia prefieren remar cerca de la parte delantera, mientras
que los más experimentados se sientan atrás.
Generalmente
las salidas involucran más de una balsa; en esos casos,
hay un jefe general que coordina los esfuerzos de todos los equipos.
En el rafting, los ríos se clasifican según su
dificultad de 1 a 6 grados. El riesgo es de bajo a alto: en manos
de un guía que conozca a la perfección el río,
hasta un chico de seis años puede hacer un descenso sin
problemas por un tramo tranquilo. El único requisito es
saber nadar. Los amantes de las emociones fuertes suelen preferir
el rafting extremo, que incrementa al máximo el riesgo
de vuelco a raíz de la caída del torrente de agua,
de su caudal, bravura y peligrosidad. |